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El
teléfono del siquiatra chileno Jorge
Barudy (56) sonó el 4 de enero pasado, poco después
de las dos de la tarde, en su oficina en Barcelona. Al otro
lado de la línea se encontraba el abogado Rodrigo
de la Barra, brazo derecho del fiscal Xavier Armendáriz.
Éste le propuso que fuera el principal perito del
proceso en contra del senador Jorge Lavandero. Barudy conocía
someramente el caso y pidió que le enviaran un oficio,
explicándole en detalle cuál sería
su labor. Después de leer el mail
enviado por Armendáriz, el dr. dejó pasar
unos días y aceptó el trabajo.
La misión era concreta: validar la credibilidad de
los testimonios de los cuatros menores que acusan a Lavandero
y hacer
una proyección del perfil sicológico del desaforado
senador.
Armendáriz llegó al siquiatra porque
más de una vez había escuchado de las charlas
que Barudy imparte en la Universidad Diego Portales. También
conocía su trayectoria como terapeuta e investigador
en casos de violencia infantil. El facultativo,
que salió de Chile exiliado en 1975, cuando era director
del Hospital de Puerto Saavedra, se especializó en
neurosiquiatría en la Universidad Católica
de Lovaina, Bélgica.
Hoy se le considera una eminencia a nivel mundial en el
tema de la pedofilia. Ha tratado a decenas de niños
que han sufrido agresiones sexuales y también ha
conocido y
estudiado en detalle el comportamiento de 82 sujetos acusados
de cometer ese delito.
Sus informes a los tribunales han sido
determinantes para condenar a prisión a 18 agresores
sexuales en Bélgica y España. El último
fue un profesor de religión belga que abusó
de una niña durante 8 años. Recibió
una pena de 28 años de cárcel.
Dos libros de investigación sobre el tema y la elaboración
de una tipología clínica de esta perversión
sexual sellan su carrera.
Fantasma
de Gemita
Pese a que los cercanos de Armendáriz aseguran que
éste confía en los peritajes realizados en
Chile, el fiscal no quiso correr ningún riesgo, sobre
todo por las presiones que han existido en el caso y por
el fantasma de Gemita Bueno. La experiencia y el prestigio
de Barudy, calculó Armendáriz, despejarían
cualquier atisbo de duda sobre la veracidad de las declaraciones
que hicieron los cuatros niños durante la investigación
judicial. Esas son las pruebas que se consideran determinantes
en el juicio oral que llevará al ex caudillo DC al
estrado. Incluso, su defensa está jugando todas sus
cartas para lograr desvirtuarlos a tiempo. La metodología
de trabajo pactada entre el siquiatra y el fiscal consistió
en que Barudy analizara -entre enero y marzo pasados- el
expediente de más de mil fojas con las declaraciones
de los cuatro testigos, la metodología de los exámenes
médicos practicados a esas supuestas víctimas
y el patrón de conducta del parlamentario durante
los últimos 34 años, período en que
-según señala la fiscalíase han registrado
las denuncias en contra del parlamentario.
Para escudriñar en la mente de Lavandero, Barudy
se basó en lo que atestiguaron todas las víctimas
respecto a su patrón de conducta -incluidos los llamados
testigos de contexto, como Bruno Coulón- y sobre
la base de las declaraciones que hizo el propio parlamentario
durante los exámenes sicológicos que se le
practicaron en enero del año pasado en el Instituto
Médico Legal.
Chequeando testimonios
Uno
de los aspectos a los que Barudy dedicó más
tiempo fue a revisar las entrevistas sicológicas
de los cuatro menores que acusaron al parlamentario, para
descartar cualquier señal de inducción. Luego,
hizo un análisis de contenido de estas declaraciones.
Según abogados, precisamente en este punto -una parte
clave de cualquier peritaje- fue donde fallaron los controles
sobre Gemita Bueno, lo que permitió que la joven
lograra engañar a los peritos y al juez en el caso
Spiniak. Para corroborar la veracidad de los testimonios,
Barudy midió la coherencia de los relatos de los
niños, cotejándolos con la versión
de otros testigos, como los cercanos a las víctimas.
También se preocupó del nivel de detalles
registrado en los testimonios, porque su larga experiencia
clínica le ha indicado que las declaraciones falsas
carecen de información específica o en apariencia
irrelevante. Por ejemplo, el “color de un cojín
o el de una pared”, dice una fuente ligada a la investigación.
También se preocupó de analizar la emotividad
negativa que relataron los menores. Después de todos
estos procedimientos le informó a Armendáriz
de sus conclusiones: según Barudy los menores presuntamente
abusados por el desaforado senador dicen la verdad.
La mentede Lavandero
La
segunda parte del trabajo encomendado fue elaborar un informe
del senador. La evaluación sicológica del
Instituto Médico Legal concluyó que Lavandero
posee una personalidad con “rasgos narcisistas y paranoides”.
Sin embargo, el citado informe no arriba a conclusiones
sobre la supuesta pedofilia del parlamentario. Barudy coincide
con los peritos en que “su estilo personal está
asociado a rasgos del tipo narcisista y paranoides”.
Después de dos meses de estudiar los testimonios
relacionados con Lavandero y de acuerdo a su experiencia
clínica, el siquiatra logró arribar a una
conclusión en su informe: “el imputado puede
corresponder (...) al tipo de pedófilos obsesivos”,
según cuentan en el entorno de la fiscalía.
Sin referirse en particular a Lavandero, sino más
bien al perfil descrito, Barudy asegura que “estos
sujetos han abusado de varios niños y niñas
diferentes, presentando una compulsión crónica
y repetitiva a excitarse sexualmente con niños a
partir de los 8 y hasta los 17 años aproximadamente”.
Además “abusan de sus víctimas sin vergüenza
ni remordimientos y cuando son denunciados, niegan con vehemencia
su culpabilidad”.
La defensa lo ataca
Según la defensa de Lavandero, las conclusiones del
principal perito de Armendáriz están condicionadas
por “el millonario pago” que le habría
ofrecido la fiscalía para trabajar con ellos. En
el Ministerio Público desmienten tal aseveración:
“Le pagamos un millón de pesos, que para un
experto de su nivel es muy poco”. Burudy en estos
momentos está en Chile. Su presencia en el juicio
es obligatoria. Luego de esto volverá a Barcelona,
donde vive hace cinco años. El tema que hoy le interesa
es la resiliencia. Acaba de publicar el libro “Los
buenos tratos de la infancia”, que habla justamente
sobre esa capacidad de las personas para sobreponerse a
la adversidad, algo que él conoce bien porque en
sus tres meses de detención tras el golpe militar
fue torturado.
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